jueves, 18 de septiembre de 2008

De vuelta



Ha sido un verano movidito: norte del país, playa y un rápido viaje al país de origen de mi querida hija que decidimos en el último segundo.

Estuvimos visitando el orfanato donde estuvo ella, jugando con los niños y haciéndonos fotos con las cuidadoras.

Mucha gente me pregunta con aparente angustia cómo ha llevado mi querida hija ver el orfanato y su país de origen. La verdad es que se lo pasado genial. Había fiestas y nos pasamos el día comiendo y paseándonos por los mercados. El orfanato le pareció un colegio como cualquier otro, a pesar de que yo me cuidé mucho de explicarle que los niños vivían allí y que estaban esperando a sus familias. Es demasiado pequeña para fijarse en lo mal que tienen la piel los bebés o para darse cuenta de que un bebé de 4 meses no debe tomar su biberón solo.

En el orfanato había un bebé que se parecía enormemente a mi hija y desde que lo vi tuve la sensación de que lo conocía. Se me metió en la cabeza que era hermano biológico de mi hija, pero cuando le pregunté a la directora, la historia de su madre biológica no coincide con la historia de la madre biológica de mi hija. De todas formas, ahora que estoy casada con una mujer no habría forma humana de adoptar a ese niño, aunque fuera hermano biológico de mi hija.

En general ha sido una experiencia muy positiva y vamos a volver en cuanto podamos. Queremos que nuestra hija conozca el orfanato y su país de origen cuando es pequeña, para que lo acepte como es, con lo malo y lo bueno, y no que vaya por primera vez a los veinte años con la cabeza llena de pájaros y fantasías para encontrarse con la realidad de un país pobre.

La vuelta al cole ha sido fácil y divertida. Mi querida hija está feliz de volver a ver a sus amigos y, aunque su profe del año pasado se ha ido a otro colegio, parece que se está adaptando bien a la nueva. Nuestra primera impresión no es muy buena, pero habrá que esperar a la reunión para ver realmente por donde van los tiros.

Hemos retomado el trabajo con ilusión. Tanto a mi querida esposa como a mi nos gustan nuestros trabajos y no solemos sufrir de depresión postvacacional. Al contrario, ya tenía yo ganas de volver a la rutina normal del invierno. Además, el otoño es mi estación preferida. Un arce del jardín ya tiene tres hojas rojas como la sangre. Estoy impaciente de ver el campo ponerse de colores.

No tenemos noticia alguna de nuestro acogimiento, al que voy a empezar a llamar Gurb.

Antes del verano, mi querida esposa decía que si no sabíamos nada en septiembre, llamaríamos. Pero septiembre ha sido un mes de mucho ajetreo y no hemos tenido tiempo de pensar en si llamar o no.

Os mantendré al tanto.

1 comentario:

A. Daniela dijo...

Que ricooo que esten de vuelta, es muy bueno que su hija pueda conocer su país de origen, las felicito por eso, todos necesitamos entrar en contacto con nuestras raíces.

Un fuerte abrazo para las 3.